8M - Día Internacional de la Mujer

El 8 de marzo no es solo una fecha en el calendario. Es una oportunidad para escuchar, visibilizar y reconocer las historias de las mujeres que forman parte de nuestra sociedad y, en nuestro caso, de FEPAMIC. Mujeres diversas, con trayectorias distintas, que comparten algo esencial: la determinación de construir su propio camino.

En este Día Internacional de la Mujer queremos poner rostro y voz a realidades que a menudo permanecen en segundo plano. Mujeres con discapacidad que trabajan en nuestra entidad y que, a través de sus experiencias, nos recuerdan que la igualdad se construye desde lo cotidiano, desde el esfuerzo, desde la decisión de no rendirse.

Historias en Femenino nace con ese propósito: dar espacio a relatos reales, sin adornos ni paternalismos. Historias como las de Mercedes, de Ana y de Mari Ángeles, que hablan de trabajo, de superación silenciosa, de reconstrucción, de dignidad y de derechos. Porque cuando una mujer comparte su historia, no solo mira hacia atrás: también abre camino para otras.

Hoy celebramos sus logros. Y, sobre todo, su voz.

Mercedes Hermoso

Técnica de Recursos Humanos

Hay personas que llegan a FEPAMIC por casualidad. Y otras que, sin saberlo, ya formaban parte de su historia antes incluso de empezar a trabajar aquí. Mercedes Hermoso pertenece a ese segundo grupo.

Tenía 17 años cuando hizo sus primeras prácticas en la entidad. Estudiaba Administración y Finanzas y, aunque al principio le daba cierto pudor “venir donde estaba mi tío”, el entonces presidente Antonio Hermoso, pronto entendió que aquella decisión marcaría su camino. “Es la mejor decisión que tomé”, afirma

Lo que comenzó como unas prácticas fue aprendizaje real. Pasó por todos los departamentos y entendió cómo funciona la entidad desde dentro. Volvió como voluntaria y, cuando surgió una vacante, FEPAMIC apostó por ella. Desde 2011 forma parte del equipo.

Ha visto crecer la entidad y, en paralelo, ha crecido ella. Mientras trabajaba, por las tardes estudiaba el grado universitario de Relaciones Laborales y Recursos Humanos. “Con mucho esfuerzo”, recuerda entre risas. Poco a poco construyó su lugar, simplemente trabajando.

Hoy pertenece al área de Recursos Humanos, donde se siente en casa. Le apasiona el derecho laboral y la parte más técnica, pero también el trato diario con las personas. Sabe que no siempre es fácil, aunque tiene una idea clara: “Siempre hay algo bueno”.

Su discapacidad no ha definido su trayectoria, pero forma parte de ella. A los nueve años una meningitis cambió su vida. Fue trasplantada de riñón y desde entonces convive con medicación y revisiones médicas. Lo cuenta sin dramatismo. “Si no lo veo como un problema, no lo vivo como un problema.”

Durante un tiempo, tuvo cicatrices que esconder. Complejos de adolescente. Momentos de vergüenza. Hasta que entendió algo sencillo: el problema no era su cuerpo, sino la mirada ajena. Y esa mirada no le pertenece.

Nunca ha ocultado su historia. Si alguien pregunta, responde. Si alguien usa una palabra que ya no encaja, corrige con respeto. Lo que no acepta es el paternalismo. “Las personas con discapacidad también podemos ser cualquier cosa”, dice, desmontando la idea de fragilidad permanente.

En lo personal, Mercedes es viajera, amante de la gastronmía, disciplinada con el gimnasio y la vida saludable y organizada como la que más.

Sus referentes han sido mujeres distintas y valientes: su madre, su hermana, una de sus tías, que construyó su vida fuera del molde tradicional. Modelos que le enseñaron que hay muchas formas de ser mujer. Ella ha elegido no ser madre, una decisión consciente y libre. “Estoy orgullosa de tomar mis propias decisiones.”

Cuando piensa en las niñas con discapacidad de hoy, lo tiene claro: “No escondas nada de lo que tienes. Todo forma parte de ti.” Cree que la discapacidad no debería ser una etiqueta que limite.

Mercedes no habla de superación, habla de normalidad. Y lo hace desde una convicción firme: si ella no se siente menos, nadie tiene derecho a hacerla sentir menos.

Gracias por compartir tu historia con nosotros y por recordarnos que la igualdad se construye también desde la actitud y la coherencia diaria.

Ana María Díaz

Técnica de Proyectos Sociales

Durante años, a Ana María le dijeron que era despistada. Que estaba “en la luna”. Que no prestaba suficiente atención. Nadie —ni siquiera ella— imaginaba que detrás de esa etiqueta había una discapacidad auditiva que la acompañaba desde pequeña.

Llegó a FEPAMIC el 11 de agosto de 2025Que recuerde con exactitud esta fecha nos confirma que, como ella misma dice: «Aquí estoy muy a gusto”. Es el segundo centro especial de empleo en el que trabaja. Ya que el reconocimiento oficial de su discapacidad auditiva llegó tarde, en 2020, aunque la pérdida de audición la acompaña desde la infancia.

En el colegio pensaban que no se enteraba porque no quería. Ella también lo creyó. “Yo creo que me lo creí”, reconoce. No entendía por qué los demás captaban conversaciones en voz baja y ella no. Pensaba que el problema era suyo, que no se concentraba lo suficiente.

Fue ya adulta, dando charlas en asociaciones de mujeres, cuando empezó a notar que algo no cuadraba. En una sala llena de gente, todo el mundo entendía antes que ella. Ahí decidió acudir al especialista y comenzaron los audífonos. Aun así, tardó años en asumir que aquello era una discapacidad“Yo no oía, pero eso cómo iba a ser eso discapacidad”, pensaba.

Ana estudió Educación Social a los 30 años, después de más de una década sin pisar un aula. Antes había trabajado como cajera y hacía voluntariado con mujeres, vinculada al feminismo y a proyectos con víctimas de violencia de género. Se siente orgullosa de su trayectoria académica y profesional, sobre todo porque llegó fuera de tiempo y superando muchos miedos. “He tenido que salir muchas veces de mi zona de confort.”

Sdiscapacidad es invisible, pero afecta directamente a la conversación. No es cuestión de volumen, sino de comprensión. A veces tiene que explicar cómo hablarle: más despacio, vocalizando, en el oído adecuado. “Necesito el manual de instrucciones de Ikea”, bromea. Lo que más le incomoda no es la dificultad en sí, sino que se confunda con falta de inteligencia.

En su camino ha tenido referentes claros. Sus abuelasmujeres fuertes a su manera. Una de sus bisabuelas, con una vida que rompía los moldes de la época. Y a Carmen León, a quien admira por su forma de defender el feminismo con firmeza y respeto. Mujeres distintas que le enseñaron carácter, coherencia y valentía.

Hoy sigue aprendiendo sobre discapacidad casi al mismo tiempo que la vive. Reflexiona sobre la doble barrera de ser mujer y tener discapacidad, especialmente en el mercado laboral ordinario. Cree que aún existe mucho “espejismo de igualdad”.

En lo personal, se define como nerviosaatolondrada despistada —con sentido del humor—. Practica piragüismo, intenta avanzar a su ritmo y sueña con algo sencillo pero profundo: arraigo. Estabilidad. Raíces.

A la niña que fue le diría que siguiera siendo fuerte y valiente. A las niñas y mujeres con discapacidad de hoy, que se quieran tal como son. Que lo que otros señalen no defina su propia normalidad.

Ana, muchísimas gracias por compartir tu historia de esa manera tan natural y cercana. Nos encanta contar con mujeres como tú en el equipo.

Marí Ángeles Mora

Personal de Lavandería

María Ángeles creció en una familia numerosa marcada por la discapacidad: su madre tenía discapacidad intelectual y nueve de sus diez hijos también. Ella fue la única que no compartía esa condición, aunque eso no hizo su camino más sencillo. Pasó su infancia interna en los colegios provinciales del Parque Figueroa, donde encontró en Sor Amalia a su principal referente afectivo. “He tenido contacto con ella hasta que falleció. Para mí ha sido como mi madre”, recuerda.

A los 13 años salió del hospicio, pero fuera no encontró estabilidad. Inició una relación que comenzó como refugio y terminó marcada por el control y el miedo. Fue madre muy joven y, pese a todo, se formó y trabajó de todo lo que pudo para sacar adelante a sus hijas. Durante casi veinte años vivió un desgaste psicológico que dejó huella. “Se acabó”, se dijo un día, aunque con miedo. “A veces tienes tanto miedo, que crees que la única solución es quitarte de en medio.” De aquella etapa quedaron secuelas: ansiedad, dificultad en espacios cerrados y una discapacidad sobrevenida que aprendió a asumir sin que la definiera.

Tras romper con esa etapa comenzó una reconstrucción lenta pero firme. Las llamadas de FEPAMIC llegaron varias veces hasta que decidió intentarlo. Entró en el servicio de limpieza y, tras dos años y por motivos físicos, pidió el cambio a la lavandería de nuestra residencia. Allí encontró estabilidad. “Yo aquí estoy muy bien”, afirma. Desde que está en ese puesto reconoce que la ansiedad no desaparece del todo, pero ya no manda. Trabajar en un entorno vinculado a la discapacidad tiene para ella un sentido especial: “Yo es que lo llevo en la sangre.”

Su mayor orgullo son sus hijas. “Yo he sido padre y madre de ellas.” Se siente satisfecha de haber roto un ciclo y de haber construido algo distinto. También de lo que ha logrado por sí misma: su piso, su hipoteca, su trabajo indefinido. “De lo que yo he conseguido yo.” Hoy comparte su vida con una nueva pareja y se reconoce más firme y consciente de sus límites.

En su tiempo libre busca el campo, caminar y respirar. “Me pongo a andar, a andar, a andar. Y no tengo límite.” Sueña con vivir algún día en una parcela, con más espacio y tranquilidad.

Que no tengan miedo y que pidan la ayuda que tengan que pedir.” Ese es el mensaje que lanza a otras mujeres. Mari Ángeles no tuvo referentes y durante su camino aprendió sola. Quizá por eso ella hoy quiere serlo para otras mujeres que estén viviendo situaciones similares y no sepan por dónde empezar.

Mari Ángeles, gracias, por tu valentía al compartir tu historia y por convertir tu experiencia en luz para otras mujeres.

Las Historias en Femenino de FEPAMIC

Tres historias. Tres trayectorias distintas. Tres maneras de entender que la igualdad no es un discurso, sino una práctica diaria.

En FEPAMIC creemos que visibilizar es avanzar. Que generar referentes reales es abrir caminos. Y que escuchar las voces de las mujeres que forman parte de nuestra entidad es una forma concreta de encender la inclusión.

Este 8 de marzo reafirmamos nuestro compromiso con una igualdad que no sea un espejismo, sino una realidad construida desde dentro, cada día, con nombres propios.

Te invitamos a seguir descubriendo más voces y trayectorias en las anteriores entregas de Historias en Femenino, donde otras mujeres de FEPAMIC ya han compartido su camino.

Seguimos avanzando. Juntas.

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