Historias en femenino

Las mujeres con discapacidad han sido históricamente invisibilizadas, relegadas a un segundo plano y enfrentadas a barreras adicionales en un mundo que ya de por sí es desigual. Es por eso que, contar sus historias, visibilizar sus vidas y sus logros y crear una red de apoyo e inspiración para otras, es cada vez más importante. Lo que no se ve y no se cuenta, no existe. Por eso, nos hemos propuesto dar a conocer algunas de las Historias en Femenino que existen entre las mujeres que forman parte de Fepamic.

Mujeres, compañeras, trabajadoras, hijas y  madres con discapacidad que rompen estigmas, inspiran, visibilizan la diversidad e impulsan el cambio social.

Mari Ángeles, 49 años

Servicio de lavandería en Residencia

María Ángeles creció en una familia numerosa marcada por la discapacidad: su madre tenía discapacidad intelectual y nueve de sus diez hijos también. Ella fue la única que no compartía esa condición, aunque eso no hizo su camino más sencillo. Pasó su infancia interna en los colegios provinciales del Parque Figueroa, donde encontró en Sor Amalia a su principal referente afectivo. “He tenido contacto con ella hasta que falleció. Para mí ha sido como mi madre”, recuerda.

A los 13 años salió del hospicio, pero fuera no encontró estabilidad. Inició una relación que comenzó como refugio y terminó marcada por el control y el miedo. Fue madre muy joven y, pese a todo, se formó y trabajó de todo lo que pudo para sacar adelante a sus hijas. Durante casi veinte años vivió un desgaste psicológico que dejó huella. “Se acabó”, se dijo un día, aunque con miedo. “A veces tienes tanto miedo, que crees que la única solución es quitarte de en medio.” De aquella etapa quedaron secuelas: ansiedad, dificultad en espacios cerrados y una discapacidad sobrevenida que aprendió a asumir sin que la definiera.

Tras romper con esa etapa comenzó una reconstrucción lenta pero firme. Las llamadas de FEPAMIC llegaron varias veces hasta que decidió intentarlo. Entró en el servicio de limpieza y, tras dos años y por motivos físicos, pidió el cambio a la lavandería de nuestra residencia. Allí encontró estabilidad. “Yo aquí estoy muy bien”, afirma. Desde que está en ese puesto reconoce que la ansiedad no desaparece del todo, pero ya no manda. Trabajar en un entorno vinculado a la discapacidad tiene para ella un sentido especial: “Yo es que lo llevo en la sangre.”

Su mayor orgullo son sus hijas. “Yo he sido padre y madre de ellas.” Se siente satisfecha de haber roto un ciclo y de haber construido algo distinto. También de lo que ha logrado por sí misma: su piso, su hipoteca, su trabajo indefinido. “De lo que yo he conseguido yo.” Hoy comparte su vida con una nueva pareja y se reconoce más firme y consciente de sus límites.

En su tiempo libre busca el campo, caminar y respirar. “Me pongo a andar, a andar, a andar. Y no tengo límite.” Sueña con vivir algún día en una parcela, con más espacio y tranquilidad.

Que no tengan miedo y que pidan la ayuda que tengan que pedir.” Ese es el mensaje que lanza a otras mujeres. Mari Ángeles no tuvo referentes y durante su camino aprendió sola. Quizá por eso ella hoy quiere serlo para otras mujeres que estén viviendo situaciones similares y no sepan por dónde empezar.

Mari Ángeles, gracias, por tu valentía al compartir tu historia y por convertir tu experiencia en luz para otras mujeres.

Ana María Díaz, 53 años

Técnica de Proyectos Sociales

Durante años, a Ana María le dijeron que era despistada. Que estaba “en la luna”. Que no prestaba suficiente atención. Nadie —ni siquiera ella— imaginaba que detrás de esa etiqueta había una discapacidad auditiva que la acompañaba desde pequeña.

Llegó a FEPAMIC el 11 de agosto de 2025. Que recuerde con exactitud esta fecha nos confirma que, como ella misma dice: «Aquí estoy muy a gusto”. Es el segundo centro especial de empleo en el que trabaja. Ya que el reconocimiento oficial de su discapacidad auditiva llegó tarde, en 2020, aunque la pérdida de audición la acompaña desde la infancia.

En el colegio pensaban que no se enteraba porque no quería. Ella también lo creyó. “Yo creo que me lo creí”, reconoce. No entendía por qué los demás captaban conversaciones en voz baja y ella no. Pensaba que el problema era suyo, que no se concentraba lo suficiente.

Fue ya adulta, dando charlas en asociaciones de mujeres, cuando empezó a notar que algo no cuadraba. En una sala llena de gente, todo el mundo entendía antes que ella. Ahí decidió acudir al especialista y comenzaron los audífonos. Aun así, tardó años en asumir que aquello era una discapacidad. “Yo no oía, pero eso cómo iba a ser eso discapacidad”, pensaba.

Ana estudió Educación Social a los 30 años, después de más de una década sin pisar un aula. Antes había trabajado como cajera y hacía voluntariado con mujeres, vinculada al feminismo y a proyectos con víctimas de violencia de género. Se siente orgullosa de su trayectoria académica y profesional, sobre todo porque llegó fuera de tiempo y superando muchos miedos. “He tenido que salir muchas veces de mi zona de confort.”

Sdiscapacidad es invisible, pero afecta directamente a la conversación. No es cuestión de volumen, sino de comprensión. A veces tiene que explicar cómo hablarle: más despacio, vocalizando, en el oído adecuado. “Necesito el manual de instrucciones de Ikea”, bromea. Lo que más le incomoda no es la dificultad en sí, sino que se confunda con falta de inteligencia.

En su camino ha tenido referentes claros. Sus abuelasmujeres fuertes a su manera. Una de sus bisabuelas, con una vida que rompía los moldes de la época. Y a Carmen León, a quien admira por su forma de defender el feminismo con firmeza y respeto. Mujeres distintas que le enseñaron carácter, coherencia y valentía.

Hoy sigue aprendiendo sobre discapacidad casi al mismo tiempo que la vive. Reflexiona sobre la doble barrera de ser mujer y tener discapacidad, especialmente en el mercado laboral ordinario. Cree que aún existe mucho “espejismo de igualdad”.

En lo personal, se define como nerviosaatolondrada despistada —con sentido del humor—. Practica piragüismo, intenta avanzar a su ritmo y sueña con algo sencillo pero profundo: arraigo. Estabilidad. Raíces.

A la niña que fue le diría que siguiera siendo fuerte y valiente. A las niñas y mujeres con discapacidad de hoy, que se quieran tal como son. Que lo que otros señalen no defina su propia normalidad.

Ana, muchísimas gracias por compartir tu historia de esa manera tan natural y cercana. Nos encanta contar con mujeres como tú en el equipo.

Mercedes Hermoso, 37 años

Técnica de Recursos Humanos

Hay personas que llegan a FEPAMIC por casualidad. Y otras que, sin saberlo, ya formaban parte de su historia antes incluso de empezar a trabajar aquí. Mercedes Hermoso pertenece a ese segundo grupo.

Tenía 17 años cuando hizo sus primeras prácticas en la entidad. Estudiaba Administración y Finanzas y, aunque al principio le daba cierto pudor “venir donde estaba mi tío”, el entonces presidente Antonio Hermoso, pronto entendió que aquella decisión marcaría su camino. “Es la mejor decisión que tomé”, afirma

Lo que comenzó como unas prácticas fue aprendizaje real. Pasó por todos los departamentos y entendió cómo funciona la entidad desde dentro. Volvió como voluntaria y, cuando surgió una vacante, FEPAMIC apostó por ella. Desde 2011 forma parte del equipo.

Ha visto crecer la entidad y, en paralelo, ha crecido ella. Mientras trabajaba, por las tardes estudiaba el grado universitario de Relaciones Laborales y Recursos Humanos. “Con mucho esfuerzo”, recuerda entre risas. Poco a poco construyó su lugar, simplemente trabajando.

Hoy pertenece al área de Recursos Humanos, donde se siente en casa. Le apasiona el derecho laboral y la parte más técnica, pero también el trato diario con las personas. Sabe que no siempre es fácil, aunque tiene una idea clara: “Siempre hay algo bueno”.

Su discapacidad no ha definido su trayectoria, pero forma parte de ella. A los nueve años una meningitis cambió su vida. Fue trasplantada de riñón y desde entonces convive con medicación y revisiones médicas. Lo cuenta sin dramatismo. “Si no lo veo como un problema, no lo vivo como un problema.”

Durante un tiempo, tuvo cicatrices que esconder. Complejos de adolescente. Momentos de vergüenza. Hasta que entendió algo sencillo: el problema no era su cuerpo, sino la mirada ajena. Y esa mirada no le pertenece.

Nunca ha ocultado su historia. Si alguien pregunta, responde. Si alguien usa una palabra que ya no encaja, corrige con respeto. Lo que no acepta es el paternalismo. “Las personas con discapacidad también podemos ser cualquier cosa”, dice, desmontando la idea de fragilidad permanente.

En lo personal, Mercedes es viajera, amante de la gastronmía, disciplinada con el gimnasio y la vida saludable y organizada como la que más.

Sus referentes han sido mujeres distintas y valientes: su madre, su hermana, una de sus tías, que construyó su vida fuera del molde tradicional. Modelos que le enseñaron que hay muchas formas de ser mujer. Ella ha elegido no ser madre, una decisión consciente y libre. “Estoy orgullosa de tomar mis propias decisiones.”

Cuando piensa en las niñas con discapacidad de hoy, lo tiene claro: “No escondas nada de lo que tienes. Todo forma parte de ti.” Cree que la discapacidad no debería ser una etiqueta que limite.

Mercedes no habla de superación, habla de normalidad. Y lo hace desde una convicción firme: si ella no se siente menos, nadie tiene derecho a hacerla sentir menos.

Gracias por compartir tu historia con nosotros y por recordarnos que la igualdad se construye también desde la actitud y la coherencia diaria.

Carol Galeando, 28 años

Servicio de limpieza en Órganos Centrales

Carol llegó a Córdoba hace solo cuatro años, pero en su forma de hablar —con una mezcla de timidez, dulzura y luz— parece que llevara toda una vida aprendiendo a empezar de nuevo. Tiene 28 años, nació en Colombia y aterrizó en España buscando lo que tantas mujeres valientes buscan: un futuro propio.

“Fue una etapa muy oscura”, recuerda. Llegó con su padre, pero él regresó a Colombia y ella se quedó sola. “No conocía la moneda, ni los trámites, ni la cultura”. Lidiaba con papeles, colas interminables en ayuntamientos y centros cívicos, cursos, entrevistas… “Cada día salía de madrugada y volvía tarde. Pero no me importaba”,  dice sonriendo.

A través de un programa de formación para personas migrantes, Carol llegó a hacer prácticas de limpieza en el Centro de Día de FEPAMIC en Córdoba. Allí la vieron trabajar y enseguida lo tuvieron claro: se tenía que quedar. Hoy forma parte del servicio de limpieza en Órganos Centrales, donde ha encontrado estabilidad, apoyo y un equipo que la valora. 

Pero su historia no empieza aquí. Empieza mucho antes, cuando de pequeña le diagnosticaron un problema de audición. Tras muchas pruebas, terapias, esfuerzo y más esfuerzo, un implante coclear le ayudó a escuchar el mundo de otra manera. Aun así, creció enfrentándose a burlas y al bullying durante su etapa escolar. “Yo me moría de vergüenza, siempre trataba de esconder mis audífonos.”, dice. “Pero ahora ya no” nos dice con su característica sonrisa, mientras nos muestra que su pelo -recogido en una coleta- ya no tapa sus audífonos . 

Carol habla mucho de su madre. Se le iluminan los ojos. “Mi mamá es mi referente, mi motor. Gracias a ella estoy aquí. Quiero traerla conmigo. La echo de menos todos los días”. Su proyecto más importante hoy es ese: reunirse con su madre y construir juntas una vida tranquila.

Entre sueños, Carol guarda uno que nunca ha soltado: la pastelería. Estudió gastronomía y entrenamiento deportivo. Le apasiona la bici —ha llegado a competir—, el baile y el deporte en general, que utiliza para liberar estrés y cuidar su salud. 

Lo tiene claro: algún día quiere formar una familia. Y también sueña con ayudar a otras personas con discapacidad auditiva, especialmente a quienes pasan por lo que ella pasó: “A esas niñas que hoy lo pasan mal, quiero decirles que no tengan vergüenza. Que luchen. Que la vida no es perfecta, pero tú puedes hacer lo que quieras”.

Carol es una historia de fuerza tranquila, de avances pequeños y gigantes, de empezar de cero y encontrar luz. Una historia en femenino que nos recuerda que la valentía no siempre grita; a veces simplemente sigue adelante.

Rocío Villalba, 33 años

Personal de Cocina

Rocío tiene 33 años y lleva cuatro años trabajando en el servicio de cocina de FEPAMIC. Su mirada -una entrañable mezcla de valentía, dulzura y timidez- es realmente especial: “tengo miopía magna”, un diagnóstico que llegó cuando apenas tenía dos años, y que merma su capacidad visual.

Antes de llegar a FEPAMIC, Rocío trabajaba en hostelería: “trabajaba en un bar, de camarera”. Fue a través de la bolsa de empleo de la entidad como entró en FEPAMIC: “me apunté y me llamaron enseguida”. A pesar de no tener experiencia en cocina, Rocío se adaptó al puesto en apenas semanas y, en poco tiempo, ya era una pieza imprescindible del equipo.

A Rocío le hubiera gustado seguir otros caminos: “me hubiese gustado opositar a policía”, pero las barreras de su discapacidad lo hicieron imposible. Su carácter, luchador y valiente, se forjó desde bien pequeña. Ella, como muchas otras niñas con discapacidad, sufrió bullying en el colegio “Los compañeros se reían por el tipo de gafas que llevaba”, una experiencia que no la detuvo, sino que fortaleció su carácter. 

Su fortaleza se refleja en todos los ámbitos de su vida. Es madre de dos hijos, y ellos son su motivación diaria: “me levanto cada día por ellos, por mis niños”. En su familia es un pilar fundamental, con un hermano con discapacidad intelectual y una madre que precisa cuidados. Demostró una madurez temprana, y es que Rocío comenzó a trabajar con apenas 16 años y a los 18 ya se había independizado, construyendo su propio camino con esfuerzo y determinación.

A pesar de las circunstancias, Rocío siempre está motivada: “Mis compañeras me dicen a veces, yo es que de verdad no sé cómo te levantas ni para venir a trabajar. Porque no me queda de otra. Y porque hay que seguir.” Su filosofía de vida refleja su resiliencia: “La vida a veces no es tanto. Ni tener tanto. La vida es tener lo necesario”.

No nos cabe la menor duda de que Rocío, es fuerza y motor en su familia y, a partir de hoy, también será referente para todas las niñas y mujeres con discapacidad. Su resiliencia y generosidad hacen que también se convierta en un referente y apoyo para todas las personas que se acercan a ella, transmitiendo motivación, confianza y la certeza de que, con determinación y corazón, se pueden superar obstáculos y crecer cada día.

 

Inmaculada Marín, 43 años

Subdirectora de la Residencia de Personas con Discapacidad Gravemente Afectadas de FEPAMIC

Inmaculada perdió gran parte de la visión con apenas 10 años de edad.

A pesar de que nunca quiso estudiar y que considera no haber sido buena estudiante, terminó la carrera de Trabajo Social en Huelva gracias al empeño de su familia.

Fue una profesora del colegio la que informó a su madre sobre la posibilidad de afiliarla a la ONCE. A pesar de ciertos miedos y reticencias ocasionados por el desconocimiento, finalmente lo hizo y fue allí donde, de alguna manera, encontró esa inspiración que hoy buscamos brindar a muchas otras familias.

«A mi madre le dijeron que yo podía estudiar lo que yo quisiera. Que la discapacidad no era una dificultad y que había gente con la misma condición que yo que había llegado a ser abogada».

Esa referencia fue un impulso para su madre, quien hizo especial hincapié en que Inma se formara y estudiara una carrera universitaria. «Yo siempre le digo a mis padres que la mejor herencia que me pueden dejar son los estudios.»

Nuestra compañera Inmaculada lleva vinculada a Fepamic desde 2005 y a día de hoy trabaja como Sub-directora de la Residencia. No solo disfruta de su trabajo, sino que además cree que éste le ha permitido evolucionar también a nivel personal. «Aquí cada día es diferente. Además, las nuevas tecnologías me permiten hacer cosas que antes no podía».

En su tiempo libre, Inma practica deporte, monta a caballo y le encanta viajar. «Yo viajo gracias a la gente. No he ido a ningún viaje en el que haya sentido que alguien me negara su ayuda. Todo el mundo se porta súper bien.»

A veces, las personas con discapacidad y sus familias solo necesitan encontrar una red de apoyo que les impulse, como es el caso de Inma y su entorno familiar. Estamos seguros de que nuestra compañera será inspiración para muchas otras personas. ¡Gracias por abrirnos tu corazón!

Patricia García, 32 años

Departamento Laboral de Fepamic

Patricia nació con hemiparesia lateral, una condición que limita la movilidad de sus extremidades derechas.

A los pocos meses de vida, su madre se dio cuenta de que «algo no iba bien«. Un diagnóstico precoz y un tratamiento de rehabilitación especializado fue crucial para su desarrollo.

Patricia se graduó en Administración y Dirección de Empresas y en Finanzas y Contabilidad en la Universidad Loyola y, tras inscribirse en nuestra Bolsa de Empleo, comenzó a trabajar en el departamento laboral de los Órganos Centrales de Fepamic

Al nacer con esta condición Patricia tiene muy normalizada su discapacidad.  Sin embargo, entiende que las personas a las que les sobreviene esta situación, se vean abrumadas. «Hay que tratar la discapacidad con normalidad, no tiene por qué ser tu carta de presentación».

Ella hoy es madre de Dulce (3 años) y Olivia (1 años), y tiene esta perspectiva de la discapacidad gracias a unos padres que trataron su condición con plena naturalidad y quienes jamás vieron en ella una limitación.

Patricia ya ha compartido su historia con otras mamás de niñas con hemiparesia lateral y ha sido guía e inspiración para ellas. A partir de ahora, también lo será para el resto del mundo. ¡Gracias por tu mensaje!

Mercedes Pino, 37 años

Cuidadora en la Residencia Fepamic

Mercedes nació con sindactilia, una malformación en sus extremidades superiores que nunca la ha frenado a nada.

Ella conoce muy bien lo que es cuidar a personas con discapacidad, teniendo discapacidad, pues lleva 17 años trabajando en la Residencia de Fepamic, donde viven personas gravemente afectadas.

Con apenas 19 años, realizó un curso de Celador Sanitario en nuestro Centro de Formación, que le brindó la posibilidad de trabajar en la Residencia cuando solo llevaba unos meses en funcionamiento, allá por Junio de 2007.

Después de tantos años en la familia -como ella misma define al equipo de la residencia- se imagina toda la vida trabajando aquí y sueña con poder seguir creciendo profesionalmente.

Cuenta, de manera muy entrañable, la relación tan especial que tuvo con Antonio, uno de los usuarios: «Para mí era como de mi familia y sé que yo también lo fui para él […] De hecho él no quería que nadie que no fuera yo lo atendiera.»

«Poder trabajar en Fepamic me ha permitido comprarme un piso. Una independencia económica que es de lo que más orgullosa me siento».

Ella tomó la figura de su hermana como referente y hoy, Mercedes seguro que es inspiración para muchas de nosotras ¡Gracias por compartirnos tu historia!

Dori de la Torre, 51 años.

Administrativa en Alcer Córdoba, asociación miembro de Fepamic.

Con apenas 19 años, le detectaron un tumor maligno en la partes blandas de la rodilla. El 1 de octubre de 1993, tras una operación y un tratamiento de quimioterapia, el equipo médico decidió que debían amputar la pierna por encima de la rodilla.

«Si a mí me hubieran contado lo que me iba a pasar, yo hubiera pensado que me moría».

Gracias a su arrojo y a que, a pesar de tu juventud, tuvo «una mente fuerte» terminó su carrera de Graduado Social.

«Para mí terminar los estudios era prioritario. Era joven, tenía todo el tiempo del mundo para hacerlo. En lugar de terminarla en 3 años, lo hice en 5, pero la terminé».

Poco después conoció Fepamic, donde realizó un curso de Administrativo, tras el cual, comenzó a trabajar en Alcer Córdoba, entidad miembro y una de las 4 fundadoras de nuestra federación, a la que sigue vinculada después de 25 años.

En la actualidad, Dori trabaja día a día con personas con discapacidad y nos habla de la importancia del duelo. «Asimilarlo es importantísimo. El periodo de duelo es duro, pero deben superarlo. Nos cambia la vida, y hay que acostumbrarse a vivir de esta manera.»

Ella no encontró en ese momento ningún referente que le inspirara, pero sabemos con seguridad que a día de hoy lo es para muchas personas. ¡Gracias por tu amabilidad Dori!

 

Curra Dueñas, 62 años

Coordinadora de Personal Técnico de Integración Social de alumnos/as con necesidades especiales.

Perdió parte de su audición tras varias intervenciones quirúrgicas.

Natural de Pozoblanco, Curra es la pequeña de 11 hermanos. De personalidad arrolladora, nuestra compañera nos cuenta que su familia siempre ha sido un matriarcado. «Mi madre siempre fue una mujer muy moderna para su época». 

Se trasladó a Sevilla, donde estudió Turismo y, a sus 62 años de edad, sigue siendo fiel amante de viajar y conocer otras culturas. Su viaje soñado: Perú. «Viajar es una fuente inagotable de aprendizaje. Sueño con poder visitar el Machupichu.»

A día de hoy, Curra trabaja coordinando a Personal Técnico de Integración Social para alumnos y alumnas con Necesidades Especiales en los colegios e institutos de Córdoba y provincia.

«La discapacidad me lo ha dado todo».

Curra encontró en su madre una fuente de inspiración y estamos seguras de que ella es hoy también transmisora de esa fuerza y vanguardismo. ¡Gracias por tu mensaje!

 

Virginia Jurado, 48 años

Coordinadora del Servicio de Destrucción Documental de Fepamic

Virginia nació con una enfermedad que limita su capacidad visual, lo cual no impidió que terminara sus estudios de Administración en Montilla, de donde es natural. Mayor de 3 hermano, entendió que debía aprovechar la oportunidad de formación que sus padres le brindaron, y de la que ellos mismo se vieron privados.

Cuando la empresa en la que trabajaba cerró, Virginia decidió emprender. Confeccionó el proyecto empresarial de lo que ahora es el Servicio de Destrucción Documental de Fepamic, y lo presentó a la Junta Directa de aquel entonces.

«Tenía 30 y pocos, y con mis estudios y las ganas de trabajar y emprender, entendí que si lo traía a Fepamic venía al sitio adecuado. No se me habría ocurrido ir a otro sitio, sabía que aquí, al menos, me iban a escuchar.«

15 años después, Virginia es Coordinadora del Servicio y sigue demostrando la misma fuerza. «Si me dieran a elegir, volvería a nacer con mi discapacidad. Y eso que no veo. Esto me ha hecho ser como soy.»


Cuando era pequeña, ella no recuerda tener ningún referente, pero estamos seguros de que la fuerza y la garra de Virginia fue inspiración para, al menos, uno de sus hermanos, quien ahora es Profesor de Educación Especial. «Él me ha visto a mí caerme y levantarme una y otra vez».

 

No nos cabe la menor duda de que Virginia es y será inspiración para todo/a aquel/lla que disfrute de su compañía, pues transmite fuerza, pasión y sentimiento.

Eternamente agradecidos por compartir con nosotros tu historia. Conoce más.

Estas son algunas de las historias de mujeres compañeras de FEPAMIC, de las cuales nos sentimos profundamente orgullosas.

En Fepamic seguimos trabajando por acercar la discapacidad a quien aún no la conoce y, aún más importante, acercarla a quien cree conocerla pero aún se encuentra en el uso de etiquetas, estigmas, capacitismo o paternalismo.

Contar con mujeres referentes en el mundo de la discapacidad es, en definitiva, motor de cambio puesto que, al visibilizar sus historias y sus logros, empoderamos a otras mujeres, construyendo así un futuro más inclusivo y justos para todos y todas.

Esperamos que hayáis disfrutado de sus historias y estamos encantados de poder seguir siendo fuente de inspiración para muchas otras.

La Federación Provincial de Asociaciones de Personas con Discapacidad Física y Orgánica de Córdoba (FEPAMIC) ha desarrollado con éxito el proyecto «Historias en Femenino. Proyecto de visibilización y empoderamiento de mujeres con discapacidad» subvencionado por la delegación de Igualdad del Ayuntamiento de Córdoba dentro de la convocatoria de subvenciones 2025. «Historias en femenino» busca pretende visibilizar y empoderar a mujeres con discapacidad de Córdoba, a través de la recopilación y difusión de sus historias de vida y superación. El proyecto se centra en destacar la resiliencia, la determinación y las capacidades de estas mujeres en diversos ámbitos, presentando sus experiencias como ejemplos inspiradores para otras personas, tanto con discapacidad como sin ella. Esta iniciativa ha tenido como principal objetivo la concienciación sobre la igualdad de género y la superación de estereotipos sexistas, contribuyendo de manera activa a la prevención de la violencia de género.

«Historias en Femenino. Proyecto de visibilización y empoderamiento de mujeres con discapacidad» da continuidad a las acciones realizadas en el proyecto «Trabajando la Igualdad, Previendo la Violencia” subvencionado por la Delegación de Igualdad del Ayuntamiento de Córdoba en la convocatoria 2024.

Organiza: FEPAMIC

Actividad subvencionada por Delegación Igualdad Ayuntamiento de Córdoba

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